Varios estudios coinciden en que las horas a las que comemos, y sobre todo las que dejamos de comer, influyen en cómo tu cuerpo gana o pierde grasa. Aquí tienes las recetas para hacerlo bien.

Habrás oído muchas veces lo de desayunar como un rey y cenar como un mendigo. Según los últimos estudios, en determinados casos esta sabiduría popular puede tener mucho sentido.

Por un lado, se ha podido comprobar que consumir más calorías con el desayuno reduce el tamaño de las comidas del resto del día. Por el contrario, si no comemos nada por las mañanas, por lo general llegamos a la cena hambrientos, y nos damos un atracón.

El componente más importante en este caso son los carbohidratos. Los estudios indican que conviene consumir la mayor parte de los carbohidratos en la primera mitad del día: fruta, arroz, pasta o patatas, especialmente alrededor de las horas en las que estamos más activos o hacemos deporte, y reducirlos a medida que se acerca la noche.

La idea es consumir dos tercios de las calorías totales del día antes de la cena. De este modo nuestro cuerpo podrá consumir más grasa mientras dormimos, y además nos levantaremos con hambre suficiente para comer un buen desayuno que aumentará nuestros niveles de energía durante el día, justo cuando los necesitamos.

¿Cómo funcionaría el menú de un día con cantidades decrecientes? Esta es una propuesta: